La República de Chipre vivió este domingo una jornada electoral histórica que promete reconfigurar su mapa geopolítico e institucional. Con más de medio millón de ciudadanos convocados a las urnas para elegir a los 56 legisladores de la Cámara de Representantes, los primeros datos oficiales consolidados por el Ministerio del Interior confirman un notable avance de las fuerzas de la derecha nacionalista y un severo voto de castigo contra el actual entramado gubernamental.
El gran protagonista de la noche electoral fue el Frente Popular Nacional (ELAM), una formación de corte ultranacionalista que obtuvo aproximadamente el 11% de las papeletas escrutadas, lo que supone un crecimiento exponencial frente al 6,8% logrado en el proceso legislativo de 2021.

Con este resultado, el partido (conocido por sus rígidas posturas contrarias a los flujos migratorios irregulares y su rechazo a las concesiones territoriales en las negociaciones de paz con la comunidad turcochipriota en la isla dividida) se posiciona como la tercera fuerza política del Parlamento, rompiendo el tradicional bipartidismo de la isla mediterránea.
La cima de la tabla electoral se mantuvo disputada en un cerrado empate técnico entre las dos organizaciones tradicionales de la oposición chipriota. El partido conservador Agrupación Democrática (DISY) lideró los apoyos con un 27,2% de los sufragios, experimentando una ligera reducción respecto a citas previas, seguido por el Partido Progresista del Pueblo Obrero (AKEL), de corte comunista. Ambas estructuras se consolidan como los bloques mayoritarios de la legislatura, pero quedarán condicionadas a un dinámico escenario de coaliciones debido a la pérdida de la mayoría absoluta.

La contracara del avance la protagonizaron las agrupaciones de centro y centroizquierda que sustentaban la gestión del presidente Christodoulides. Los partidos Diko, Dipa y el movimiento socialista EDEK registraron pérdidas masivas. De hecho, tanto el EDEK como Dipa fallaron de forma contundente en el intento de superar el umbral mínimo legal del 3,6% requerido para acceder al Congreso unicameral, quedando formalmente expulsados del reparto de escaños.
El descontento generalizado con los escándalos de corrupción institucional y el encarecimiento de la cesta básica impulsó la irrupción de plataformas alternativas e independientes. El movimiento reformista ALMA consiguió representación parlamentaria por primera vez en su historia con cerca del 6% de los votos, bajo una agenda centrada en la transparencia pública.
(Con información de Reuters y El Demócrata)