La dictadura cubana ha elevado el tono de confrontación con Estados Unidos en las últimas horas, mientras la isla se hunde en la peor crisis humanitaria y energética desde la caída de la Unión Soviética. En un comunicado oficial emitido este sábado 31 de enero de 2026, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba calificó las medidas adoptadas por la administración Trump como “un acto de guerra económica y un intento genocida contra el pueblo cubano”, en referencia directa a la orden ejecutiva que declara al régimen como “amenaza inusual y extraordinaria” y la imposición de aranceles del 25 % a cualquier país que suministre petróleo o derivados a la isla.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel reiteró su lema histórico “Patria o muerte” y acusó a Washington de “pretender rendir por hambre y oscuridad a un pueblo que no se doblegará”. El texto oficial denuncia el bloqueo total del petróleo venezolano, la presión sobre México y la amenaza de aranceles como “una escalada sin precedentes” destinada a provocar un colapso interno.

La realidad en la calle contradice la retórica oficial. Los apagones superan las 20 horas diarias en la mayoría de las provincias, el transporte público está prácticamente paralizado y la distribución de alimentos se ha colapsado en muchas regiones. Hospitales funcionan con generadores intermitentes, las medicinas escasean y el descontento popular crece en silencio, reprimido por patrullas del Ministerio del Interior y por el miedo a represalias.
La interrupción definitiva del petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro ha sido el golpe más duro. Los envíos mexicanos —que alcanzaron un promedio de 17.200 barriles diarios en 2025— ahora enfrentan el riesgo inmediato de aranceles punitivos, lo que prácticamente cierra esa vía. Rusia e Irán mantienen envíos simbólicos, pero insuficientes para cubrir ni el 10 % de la demanda energética de la isla.
En este escenario de asfixia total, la dictadura opta por endurecer su discurso en lugar de buscar una negociación real. Fuentes diplomáticas en La Habana indican que el régimen teme que cualquier concesión —como la liberación masiva de presos políticos o la apertura de un diálogo genuino— sea interpretada como debilidad y acelere el desmoronamiento interno.

La administración Trump, por su parte, mantiene la presión sin fisuras. El presidente reiteró que “Cuba está fallando bastante pronto” y que la puerta a la negociación sigue abierta, pero bajo condiciones claras: cese inmediato de la represión, liberación total de presos políticos y apertura a un proceso de transición democrática. “No hay más tiempo para excusas. El pueblo cubano merece libertad y prosperidad, no más miseria y oscuridad”, afirmó Trump en un mensaje en Truth Social.
La crisis cubana se agrava por horas. Sin combustible para termoeléctricas ni para el transporte de alimentos, la capacidad del régimen para mantener el control social se erosiona rápidamente. Los apagones prolongados alimentan el malestar, y cada día sin solución estructural profundiza el aislamiento internacional de La Habana.
