Durante el pasado mes de mayo, los ataques contra iglesias y comunidades cristianas alcanzaron su nivel más crítico en lo que va de 2026, destacando una preocupante proliferación de ataques con fuego. De acuerdo con el último informe del Observatorio sobre la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos en Europa (OIDAC Europe), la organización logró verificar un total de 37 delitos de odio de carácter anticristiano.
La vertiente más alarmante del estudio revela que 13 de estos incidentes estuvieron directamente vinculados a incendios o intentos de provocar fuego en templos e instalaciones parroquiales. Esta oleada destructiva representa la cifra mensual más elevada registrada por la organización en el año en curso. Aunque numerosas investigaciones judiciales continúan abiertas para determinar las autorías materiales, la recurrencia y la simultaneidad de los focos ígneos en diferentes fronteras confirman una tendencia hostil que mantiene en vilo a las autoridades eclesiásticas y de seguridad.
El fenómeno se ha ensañado con las principales potencias de la Europa occidental. Alemania encabezó la lista de la intolerancia con diez casos documentados, seguida de cerca por Italia y Francia, con ocho episodios cada una. Sin embargo, el informe advierte de que la hostilidad no es exclusiva de estas naciones, reportándose delitos de odio de diversa gravedad en Polonia, Irlanda, Austria, Portugal, España, Grecia, Reino Unido y Bosnia-Herzegovina.

El informe de OIDAC Europe resalta que la agresividad no se limitó al patrimonio arquitectónico, sino que se trasladó con fuerza hacia las personas por el simple hecho de manifestar su fe en el espacio público. Entre los sucesos más graves se detalla la agresión física a una religiosa en Polonia, a quien insultaron en una parada de autobús antes de arrancarle la cruz que llevaba al cuello. Por su parte, en Alemania se registró un episodio de peligrosidad cuando radicales lanzaron bolas de acero contra los ventanales de una iglesia en plena celebración de una misa que albergaba a unos 200 fieles.
El componente político también ha quedado de manifiesto en los informes de inteligencia policial. En Austria, dos estudiantes pertenecientes a una fraternidad católica resultaron gravemente heridos tras ser emboscados en una agresión que las autoridades estatales atribuyeron a presuntos extremistas de izquierda. Este tipo de motivaciones ideológicas coincide con las consignas anticlericales aparecidas en la basílica de San Siro, en la ciudad italiana de Génova. En España, el vandalismo se manifestó en la localidad de Òdena (Barcelona), donde la iglesia de la Verge de la Pau sufrió destrozos en su altar, el robo de material litúrgico y la quema intencionada de páginas de la Biblia.
El observatorio concluye advirtiendo de que estas cifras oficiales representan únicamente la punta del iceberg del problema en el continente. El estudio dejó fuera decenas de robos, allanamientos y destrozos en propiedades cristianas debido a la imposibilidad de acreditar judicialmente la motivación delictiva con la rigurosidad exigida por la entidad.
(Con información de The Objective y Gaceta de la Iberosfera)