La relación entre Brasil y Estados Unidos atraviesa una fase crítica tras la decisión del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de revocar las credenciales de un agente de seguridad estadounidense que operaba en Brasilia. Esta medida fue calificada por el director de la Policía Federal, Andrei Rodrigues, como un acto de "reciprocidad diplomática" ante la salida forzada de Marcelo Ivo de Carvalho, delegado brasileño en Miami.
El detonante del conflicto fue la intervención de Carvalho en el proceso migratorio de Alexandre Ramagem, exjefe de inteligencia de Jair Bolsonaro condenado por su rol en el intento de golpe de Estado de 2023. Washington acusó al delegado brasileño de intentar manipular los procedimientos de inmigración para eludir solicitudes formales de extradición y extender lo que calificaron como "cacerías de brujas políticas" en suelo norteamericano.

Tras la detención de Ramagem en Orlando y su posterior liberación administrativa, el Departamento de Estado solicitó la salida sumaria de Carvalho, provocando la airada protesta de la cancillería brasileña.
Lula respaldó públicamente la respuesta de su Policía Federal, felicitando a Rodrigues por aplicar la misma moneda a los funcionarios estadounidenses. El mandatario brasileño insistió en que su país simplemente respondió a la acción previa de Washington, aunque manifestó su esperanza de que ambas partes puedan sentarse a dialogar para normalizar la situación.
Nenhum estrangeiro pode manipular nosso sistema de imigração para contornar pedidos formais de extradição e estender perseguições políticas ao território dos Estados Unidos. Hoje, pedimos que o funcionário brasileiro envolvido deixe o nosso país por tentar fazer isso. https://t.co/kNMWSchGcL
— Embaixada EUA Brasil (@EmbaixadaEUA) April 20, 2026
Desde el entorno de la Policía Federal de Brasil se niega una expulsión formal y se asegura que Carvalho regresó por determinación propia para esclarecer las acusaciones. Sin embargo, el comunicado del Departamento de Estado fue tajante al afirmar que ningún extranjero puede manipular su sistema para trasladar disputas políticas internas a los Estados Unidos.
El futuro de la cooperación bilateral en materia judicial y migratoria permanece bajo una sombra de incertidumbre. La permanencia de figuras clave del bolsonarismo en Estados Unidos y la desconfianza mutua entre las agencias de inteligencia complican cualquier intento de acercamiento inmediato.