Hombres armados secuestraron a más de 160 fieles durante ataques simultáneos a iglesias cristianas en el estado de Kaduna, en el norte de Nigeria, mientras se celebraban misas dominicales este domingo 18 de enero de 2026. El operativo, ocurrido en una zona rural del distrito de Kajuru, expone una vez más la extrema vulnerabilidad de las comunidades religiosas y la persistencia de la violencia criminal en la región.
Los asaltos tuvieron lugar en la comunidad de Kurmin Wali, donde grupos armados irrumpieron en al menos dos iglesias durante los servicios religiosos. Según testimonios recogidos por la agencia AFP, los atacantes bloquearon las salidas, obligaron a los fieles a salir y los llevaron a pie hacia zonas boscosas cercanas, una táctica recurrente de las bandas que operan en áreas rurales del norte nigeriano.
El reverendo Joseph Hayab, presidente de la Asociación Cristiana de Nigeria para el norte, informó que inicialmente se secuestraron 172 personas, aunque nueve lograron escapar. Esto deja al menos 163 fieles en cautiverio hasta la mañana del lunes. Un legislador estatal consultado por The Associated Press elevó la cifra inicial a 177 desaparecidos, con 11 personas que regresaron por sus propios medios, dejando 168 aún sin localizar. Las diferencias reflejan la dificultad para obtener balances precisos en comunidades remotas con comunicaciones limitadas.
🇳🇬‼️ | URGENTE — Hombres armados atacaron dos iglesias cristianas en Nigeria y secuestraron a más de 160 personas, según informó Reuters, en uno de los golpes más graves contra comunidades religiosas en el país. pic.twitter.com/XKpHS5zY3p
— UHN Plus (@UHN_Plus) January 19, 2026
El incidente se suma a una larga lista de secuestros masivos en el norte de Nigeria, donde bandas armadas —muchas de ellas integradas por pastores fulani o grupos vinculados a organizaciones yihadistas— utilizan los templos como escenarios ideales para capturas colectivas debido a la concentración de personas en horarios fijos. Kajuru, una de las zonas más violentas de Kaduna, registra enfrentamientos recurrentes entre agricultores (en su mayoría cristianos) y pastores fulani (musulmanes), agravados por la competencia por tierras, el cambio climático y el crecimiento demográfico.
En noviembre de 2025, bandas similares secuestraron a más de 300 estudiantes y docentes de una escuela católica en el estado vecino de Níger; las víctimas fueron liberadas semanas después tras pago de rescates. Estos episodios han incrementado la presión interna e internacional sobre el gobierno de Bola Tinubu para reforzar la seguridad en el norte.
El presidente estadounidense Donald Trump ha utilizado la violencia contra cristianos en Nigeria como argumento para aumentar la presión diplomática sobre Abuja. A finales de diciembre de 2025, Washington lanzó ataques selectivos en el estado de Sokoto contra objetivos identificados como militantes vinculados al Estado Islámico, una intervención presentada por Nigeria como cooperación antiterrorista.
Las autoridades nigerianas rechazan caracterizar la crisis como una persecución religiosa sistemática y la atribuyen principalmente a una economía criminal estructurada. Un informe reciente de la consultora SBM Intelligence estimó que los secuestros con fines de rescate recaudaron alrededor de 1,66 millones de dólares entre julio de 2024 y junio de 2025, convirtiéndose en una industria lucrativa y organizada.
La violencia afecta tanto a comunidades cristianas como musulmanas, aunque los ataques a iglesias suelen recibir mayor atención internacional. La división religiosa del país —sur mayoritariamente cristiano y norte de mayoría musulmana— complica la respuesta estatal, que insiste en que el conflicto es fundamentalmente económico y no sectario.
