Los ingenieros de vuelo de la NASA, Jessica Meir y Chris Williams, ejecutarán este martes 30 de junio una crucial caminata espacial de seis horas y 40 minutos en el exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI). La ambiciosa actividad extravehicular tiene como meta sustituir una articulación de muñeca defectuosa en el icónico brazo robótico Canadarm2, un componente estratégico que ha prestado servicio continuo en el espacio desde abril de 2001.
Para llegar en óptimas condiciones físicas a esta demandante tarea de ingeniería en microgravedad, los astronautas disfrutaron de un fin de semana largo de descanso antes de sumergirse en los exigentes preparativos técnicos de la misión.

Durante la jornada del lunes, Meir y Williams concentraron sus esfuerzos en la meticulosa revisión de todo el equipamiento que utilizarán en el vacío del espacio, incluyendo cables de seguridad, herramientas de sujeción y cámaras de alta resolución. Asimismo, los astronautas realizaron rigurosas pruebas de presión e inspecciones en sus trajes espaciales dentro de la esclusa Quest para descartar de forma absoluta cualquier tipo de fuga de aire.
En estas labores contaron con el soporte directo de Jack Hathaway, de la NASA, y Sophie Adenot, de la Agencia Espacial Europea (ESA), quienes operarán como asistentes desde el interior controlando los movimientos del brazo.
Mientras los astronautas occidentales se enfocaban en la logística de la caminata, que será transmitida a nivel global a través de la plataforma NASA+, el segmento ruso del laboratorio mantuvo un ritmo de trabajo científico e infraestructural totalmente independiente. El comandante de Roscosmos, Sergey Kud-Sverchkov, inició sus labores retirando una cámara automatizada que registraba imágenes de los océanos de Asia y el Pacífico. Posteriormente, el líder de la misión instaló sensores de alta precisión diseñados para medir el impacto de las vibraciones estructurales que genera la tripulación cuando realiza sus entrenamientos físicos diarios.

La agenda científica de los cosmonautas rusos también incluyó estudios de vanguardia orientados al análisis de la respuesta humana ante entornos de ingravidez extrema. El ingeniero de vuelo Sergei Mikaev participó en un innovador experimento sobre orientación espacial utilizando dispositivos avanzados de realidad virtual y electrodos cerebrales, registrando cómo se comporta la percepción humana sin el efecto de la gravedad. Previamente, el especialista constató el correcto funcionamiento de los sistemas automatizados de generación de oxígeno ubicados en el módulo científico Nauka, garantizando la estabilidad del soporte vital.
Por su parte, el cosmonauta Andrey Fedyaev dedicó gran parte de su jornada técnica al mantenimiento preventivo de las redes de tuberías orbitales del segmento ruso, gestionando la transferencia segura de fluidos y desinfectantes entre los tanques de almacenamiento. Fedyaev también asumió la inspección detallada de los ductos de ventilación del módulo de servicio Zvezda, concluyendo sus tareas con la recolección rutinaria de muestras de aire ambiental. Estos rigurosos análisis de control biológico y químico son vitales para certificar de manera constante que la atmósfera interna del complejo siga siendo segura para respirar.
El balance operativo en la estación espacial evidenció la perfecta sincronía y convivencia de dos dinámicas de trabajo paralelas dentro de una misma base orbital. Mientras el equipo norteamericano y europeo guardó reposo para asegurar el éxito de una reparación externa de alta precisión, la tripulación de Roscosmos blindó la continuidad de los experimentos tecnológicos avanzados en órbita. El inicio formal de la caminata espacial quedará marcado en las próximas horas cuando los trajes autónomos pasen a depender de sus propias baterías, dando luz verde a una maniobra clave para la robótica espacial de Occidente.
(Con información de Infobae)