El presidente Donald Trump reabrió los canales diplomáticos con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ante el evidente estancamiento de las conversaciones con la República Islámica. El giro se produce mientras el Memorando de Entendimiento pierde fuerza debido a la inflexibilidad del régimen de Teherán. Netanyahu viajará a Washington a mediados de julio para consolidar la alianza militar y enviar un contundente mensaje de firmeza en un momento de alta tensión en la región.
La relación entra en una fase de reconciliación tras los roces derivados del acuerdo secreto que impulsaba el vicepresidente JD Vance. Israel sostiene que las negociaciones con el Estado terrorista de Irán sólo otorgan tiempo para que los chiítas fortalezcan su peligroso programa atómico. Los desencuentros anteriores quedaron atrás ante la necesidad de una estrategia común para unificar criterios con su socio de máxima confianza.

El bloqueo obedece a las inaceptables exigencias presentadas por la delegación iraní durante la última ronda de conversaciones celebrada en Doha. Los representantes de la Guardia Revolucionaria se negaron rotundamente a permitir que los inspectores de las Naciones Unidas revisen sus instalaciones nucleares secretas. Teherán exige además el control absoluto sobre el estratégico estrecho de Ormuz, demostrando su nulo interés en la paz.
La intransigencia iraní generó un severo impacto económico global por el bloqueo parcial de rutas marítimas, provocando un alza en la inflación del combustible norteamericano. Trump, consciente de la cercanía de los comicios legislativos, no tolerará que el encarecimiento de la nafta beneficie al Partido Demócrata. Por ello, convocó a su equipo de seguridad para trazar nuevas directrices de respuesta inmediata.
El proceso de diálogo se encuentra suspendido bajo el pretexto del funeral del exlíder religioso Alí Khamenei, abatido tras una exitosa operación militar. La teocracia utilizó el luto nacional como una maniobra para ganar tiempo y reorganizar sus filas radicales. El gobierno norteamericano comprobó que la diplomacia no funciona con administraciones que promueven el terrorismo internacional.
La visita de Netanyahu al Salón Oval coincidirá exactamente con la mitad del plazo de 60 días fijado en el memorando para alcanzar una resolución. El premier israelí aprovechará el escenario en la capital estadounidense para ratificar su plan de presión militar contra los bastiones chiítas. El ala conservadora del Congreso respalda plenamente la postura de exigir el fin de las concesiones a un régimen que fabrica misiles de largo alcance.
El escenario obliga a la administración de Trump a demostrar un liderazgo fuerte frente a las amenazas del fundamentalismo. Los analistas coinciden en que el retorno de la sintonía con Israel representa un paso indispensable para restaurar la disuasión en el Golfo Pérsico. La defensa de las rutas comerciales vuelve a consolidarse como la máxima prioridad de la política exterior frente a los enemigos de Occidente.
(Con información de Infobae)