Las fuerzas armadas de Ucrania ejecutaron una ofensiva de gran precisión al alcanzar diecinueve buques petroleros de la flota rusa en el mar de Azov. El ataque masivo, coordinado de forma nocturna mediante el uso de drones marinos autónomos, eleva a ciento treinta y seis embarcaciones afectadas en apenas diez días. La operación asesta un golpe demoledor a la infraestructura de suministro de la península anexionada y evidencia la vulnerabilidad militar del Kremlin.
La incursión militar coincidió con la celebración del Día de la Estatalidad de Ucrania, una fecha con la que Kiev reafirma su soberanía histórica de más de mil años. El cambio de estrategia táctica de las fuerzas ucranianas tomó por sorpresa a las defensas de la armada rusa en aguas interiores. Los impactos de los drones marinos inutilizaron de manera simultánea diecisiete naves petroleras y dos gaseros de alta capacidad de carga.

Un día antes de esta gran acción militar, Ucrania logró destruir el buque patrullero Izumrud, perteneciente al Servicio Federal de Seguridad (FSB) de la autocracia rusa. El Kremlin respondió a estas derrotas navales ordenando bombardeos masivos de represalia contra la infraestructura portuaria civil de la región de Odesa. Los ataques con misiles provocaron la muerte de al menos tres civiles y desataron graves incendios en las terminales.
El ministerio de Defensa de Rusia justificó sus agresiones contra las ciudades portuarias alegando haber destruido almacenes de combustible de las Fuerzas Armadas ucranianas. Sin embargo, las autoridades de Kiev denunciaron que los proyectiles rusos alcanzaron embarcaciones civiles con banderas internacionales de Tanzania y Liberia. La agresión contra el comercio global causó la trágica muerte de un capitán y varios miembros de tripulaciones extranjeras.
En paralelo a la escalada bélica, los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) reforzaron sus medidas de seguridad nacional. El presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, alertó que las agencias de inteligencia aliadas detectaron planes de sabotaje físico de Rusia contra infraestructura energética crítica. La advertencia del mandatario báltico se suma a las preocupaciones de Polonia sobre el espionaje de la dictadura.

La sistemática destrucción de la flota petrolera que abastece al ejército de Vladímir Putin representa un éxito de la estrategia militar de resistencia ucraniana. Al debilitar las líneas de abastecimiento logístico, Kiev reduce el poder de fuego de las fuerzas de ocupación del Kremlin en el terreno.
Los analistas internacionales estiman que el daño a la flota mercante rusa complicará severamente la movilidad militar de las tropas de Moscú en el corto plazo. La incapacidad de la armada de Putin para blindar sus propias rutas de transporte expone el declive de la maquinaria de guerra del gigante euroasiático. El conflicto bélico entra así en una fase de alta presión para la logística del régimen rusa.
(Con información de Reuters)