Un viaje transatlántico que prometía ser el inicio de unas vacaciones idílicas se transformó este sábado en una jornada de desconcierto y tensión para cientos de viajeros. Un avión de la compañía estadounidense United Airlines, que había despegado con destino a la isla de Palma de Mallorca (España), se vio forzado a abortar su trayecto y retornar de emergencia a los Estados Unidos.
La decisión de los comandantes de la aeronave se produjo después de que se encendieran las alarmas de seguridad debido a la presencia en la red de un dispositivo de conexión Bluetooth bautizado con una palabra altamente sensible.
El vuelo comercial había iniciado su itinerario con total normalidad el sábado a las 17:58 horas, despegando desde las pistas del Aeropuerto Internacional Newark Liberty (EWR), ubicado en el estado de Nueva Jersey. Sin embargo, aproximadamente dos horas después de la partida, cuando la aeronave ya se encontraba sobrevolando las aguas del océano Atlántico, el protocolo de emergencia de la aerolínea fue activado de manera fulminante.
Según los testimonios ofrecidos por diversos pasajeros al portal de aviación especializado AirLive, la tripulación de cabina interrumpió la tranquilidad del vuelo para ordenar de forma imperativa que todos los ocupantes desconectaran de inmediato cualquier aparato inalámbrico.
Los auxiliares de vuelo se encargaron de recorrer los pasillos de la aeronave explicando a los usuarios que se trataba de una instrucción perentoria enviada directamente desde las oficinas centrales de la aerolínea United Airlines, ubicadas en la ciudad de Chicago. Las advertencias de la tripulación fueron tajantes, asegurando que si los pasajeros se negaban a apagar la totalidad de sus terminales y accesorios inteligentes, el avión no continuaría con su ruta programada hacia la península ibérica y daría la vuelta.
"Dijeron que una persona había hecho algo con el Bluetooth que ponía en peligro la seguridad del vuelo", relató uno de los afectados a los medios informativos.

A pesar de las reiteradas solicitudes verbales por parte del personal de a bordo y de un aviso definitivo de un minuto de tolerancia, los sistemas de cabina detectaron que al menos dos equipos inalámbricos se mantuvieron encendidos en la cabina de pasajeros. Ante la evidente negativa de los implicados a acatar las directrices de seguridad y ante la imposibilidad de identificar el origen exacto de la señal en ese instante, el equipo de pilotos tomó la determinación unánime de dar media vuelta a la aeronave en mitad de la noche para regresar a la terminal aérea de origen.
Los detalles de la conversación técnica mantenida entre la tripulación del avión y los controladores de tráfico aéreo revelaron que la alerta se originó por un dispositivo bautizado específicamente con "cierta palabra de cuatro letras". Pasajeros que viajaban en la aeronave confirmaron posteriormente a la prensa que el nombre que aparecía visible en las pantallas de los teléfonos cercanos era 'BOMB'.
Cabe recordar que los accesorios que emplean tecnología Bluetooth, tales como auriculares o altavoces portátiles, permiten ser rebautizados por sus dueños, haciendo que el nuevo nombre asignado sea captado por cualquier terminal que busque conexiones en el área circundante.
Inmediatamente después de tomar tierra de regreso en el aeropuerto de Newark, las autoridades portuarias activaron un despliegue de contingencia en la pista de aterrizaje. Los pasajeros recibieron la orden de evacuar la estructura portando únicamente consigo sus pasaportes y teléfonos celulares, dejándolo todo a bordo, mientras un escuadrón de agentes especializados en seguridad y explosivos procedía a realizar una inspección minuciosa y exhaustiva de toda la aeronave.
Una vez concluidas las inspecciones del fuselaje y del equipaje por parte de las fuerzas del orden, las autoridades federales corroboraron que la supuesta amenaza terrorista carecía de fundamento real y que el código captado correspondía sencillamente al nombre de un reproductor de sonido personal. El responsable de la configuración del dispositivo fue identificado por los agentes como un joven de 16 años de edad, quien fue arrestado y puesto bajo custodia de los cuerpos de seguridad de forma inmediata en las instalaciones de la terminal estadounidense.
Aunque hasta el momento los portavoces judiciales no han detallado de forma pública la naturaleza de los cargos criminales que se presentarán en contra del menor de edad, diversos analistas del sector aeronáutico coinciden en señalar que este tipo de conductas imprudentes y bromas pesadas conllevan severas consecuencias legales en el país norteamericano.
El adolescente podría enfrentarse no solo a graves sanciones penales por falsa alarma de bomba, sino también a multimillonarias demandas civiles por parte de la aerolínea para costear las pérdidas del combustible arrojado y los gastos de reubicación de los pasajeros afectados.
(Con información de EFE y El Periódico)