Las fuerzas armadas ucranianas ejecutaron una incursión masiva con drones contra una docena de petroleros rusos en el mar de Azov. La exitosa operación nocturna formó parte de una estrategia militar sistemática diseñada para asfixiar el suministro de combustible de las tropas de ocupación. El Estado Mayor de Kiev confirmó que los buques cisterna atacados operaban de forma clandestina para abastecer al ejército del Kremlin y movilizar crudo evadiendo los bloqueos económicos de Occidente.
El comandante de las unidades de drones ucranianas, Robert Brovdi, difundió las imágenes de los impactos a través de sus canales oficiales. La ofensiva de las últimas horas elevó a 36 el número de embarcaciones hostigadas por las fuerzas defensoras en el mar Negro y el mar de Azov. El Ministerio de Defensa en Kiev precisó que 32 de los navíos dañados pertenecían a la denominada "flota en la sombra" de Moscú, la cual intentaba desesperadamente ingresar insumos energéticos a la península ocupada de Crimea.

La efectividad de los constantes ataques logísticos obligó a las autoridades prorrusas de Crimea a declarar de urgencia el estado de emergencia en la región. Los sabotajes continuos a los sistemas de transporte marítimo provocaron un desabastecimiento severo de hidrocarburos en este enclave geopolítico clave. Para el mando militar ucraniano, cortar estas vías de comunicación resulta indispensable para neutralizar la capacidad de maniobra de las divisiones rusas que operan en los frentes del sur.
Por su parte, el gobernador de la provincia fronteriza rusa de Rostov, Yuri Slúsar, reconoció que dos buques petroleros sufrieron graves incendios y averías mecánicas en la bahía de Taganrog. La administración regional de Rostov aseguró haber neutralizado más de 20 artefactos no tripulados durante los enfrentamientos nocturnos. Los reportes locales confirmaron que las llamas debieron ser sofocadas por equipos especiales de bomberos para evitar explosiones mayores en los talleres portuarios.
La oleada de drones de largo alcance de Kiev también alcanzó objetivos estratégicos en el interior del territorio de la Federación Rusa. El presidente Volodímir Zelensky confirmó la destrucción de depósitos de petróleo en Tver y complejos industriales en Stávropol, situados a unos 500 kilómetros de la frontera. Las incursiones aéreas, coordinadas por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), provocaron evacuaciones civiles de emergencia debido a la magnitud de los incendios desatados en las bases de almacenamiento.

Las operaciones de castigo económico de las brigadas ucranianas se extendieron de igual forma hacia la ciudad rusa de Ufá, ubicada a casi 1.500 kilómetros de la línea de combate. En esa localidad del interior, los proyectiles impactaron una terminal de carga de crudo y una estación de bombeo clave para la distribución hacia Europa. Estas acciones demuestran la creciente capacidad técnica de Ucrania para vulnerar la infraestructura energética profunda del enemigo sin depender de asistencia extranjera directa.
Ante el recrudecimiento de la campaña de demolición logística, el Ministerio de Defensa de Rusia afirmó haber derribado 73 drones de ala fija en once provincias distintas. A pesar del hermetismo informativo habitual del Kremlin, las autoridades de Moscú no pudieron ocultar la vulnerabilidad de sus rutas de abastecimiento en el mar de Azov. La destrucción de la flota comercial de la dictadura agudiza la crisis interna y debilita el esfuerzo de guerra de las tropas invasoras.
(Con información de Infobae)