Un grupo armado respaldado por la dictadura de Irán lanzó un violento ataque utilizando seis misiles balísticos y cuatro drones sobre varios sectores residenciales. La ofensiva dejó varios civiles heridos y provocó graves destrucción materiales en una zona caracterizada por albergar a miles de desplazados.
La arremetida nocturna impactó en áreas pobladas como el barrio Al Sharika, generando severos daños materiales en propiedades particulares y vehículos civiles. Las autoridades atribuyeron esta nueva escalada armada a las organizaciones patrocinadas por la teocracia iraní, que buscan desestabilizar la región.

De manera paralela, los insurgentes continuaron las hostilidades en el estrecho estratégico de Bab el Mandeb al bombardeando el puerto de Moca. Dichas acciones obligaron a suspender operaciones de forma indefinida tras confirmarse la muerte de personas en las instalaciones durante el fin de semana.
La administración local solicitó a los organismos internacionales documentar de manera urgente las agresiones cometidas por estos grupos armados contra las comunidades. Las autoridades calificaron los continuos bombardeos como una clara y abierta violación al Derecho Internacional Humanitario.
Por su parte, los insurgentes intentaron justificar los proyectiles lanzados argumentando que los objetivos de las operaciones eran estrictamente militares. La milicia acusó a las fuerzas locales de fomentar las hostilidades en favor de los intereses regionales de Teherán.

El repunte del conflicto interrumpe la relativa tregua alcanzada en años anteriores y agrava la situación de vulnerabilidad en el territorio. La ciudad de Marib permanece como un punto clave para el gobierno legítimo ante los avances de las milicias en la capital.
La utilización de armamento pesado confirma la constante injerencia de la cúpula iraní en la prolongación de la crisis armada. El impacto de los misiles teledirigidos mantiene en riesgo constante a miles de familias vulnerables en la zona.
(Con información de Europa Press)