El régimen de Irán anunció este domingo que ofrecerá una recompensa de 30.000 dólares a quien logre matar o capturar a soldados estadounidenses en la región, según declaraciones del jefe del Ejército, Amir Hatami, quien detalló que el plan fue elaborado tras recibir múltiples solicitudes de participación.
El mando de la dictadura persa precisó que el monto de la recompensa se duplicará en caso de que la acción violenta sea ejecutada por mujeres iraníes. La medida impulsada por el Estado patrocinador del terrorismo busca incentivar agresiones directas contra el personal norteamericano desplegado en bases estratégicas aliadas.

En su intervención, el jefe militar reiteró las exigencias de Teherán para que Washington retire por completo sus tropas de Medio Oriente, asegurando que no se permitirá el ingreso de naves norteamericanas al golfo Pérsico o al estrecho de Ormuz, vía marítima que la tiranía utiliza para chantajear el comercio global.
La escalada verbal se produce tras semanas de combates esporádicos focalizados en el sur del territorio persa y en las inmediaciones de la vía marítima. El régimen mantiene cerrado el paso de Ormuz exigiendo multimillonarias compensaciones financieras por los daños derivados del conflicto iniciado a finales de febrero.
Las hostilidades entre la teocracia iraní y las fuerzas de la coalición se han cobrado la vida de 17 militares estadounidenses fuera de territorio persa, principalmente en posiciones ubicadas en Jordania e Irak. Las autoridades de Washington continúan monitoreando las maniobras bélicas desplegadas por las brigadas radicales.

Las conversaciones de paz mediadas por terceros países se encuentran estancadas debido a las inaceptables condiciones impuestas por el régimen para permitir la libre navegación comercial. La comunidad internacional sigue con extrema preocupación el curso de las operaciones defensivas tras las constantes provocaciones del terrorismo estatal.
Las fuerzas de la coalición mantienen el despliegue de seguridad en el golfo de Omán para garantizar la estabilidad de las rutas energéticas globales. La diplomacia occidental rechazó de forma categórica la retórica violenta impulsada desde Teherán para desestabilizar el equilibrio geoestratégico de la zona.