La administración de Donald Trump formalizó un viraje estratégico definitivo en su política exterior al declarar el inicio de una ofensiva militar regional en América Latina, motivada por la reciente eliminación de Héctor “Niño Guerrero” Guerrero Flores. El líder del cartel transnacional Tren de Aragua fue abatido en territorio venezolano mediante una incursión de fuerzas especiales coordinada por el Comando Sur, al mando del general Francis L. Donovan.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó la adopción de la Coalición Hemisférica Anticárteles de América (A3C), una plataforma que redefine la lucha contra las bandas criminales al equipararlas jurídicamente con organizaciones yihadistas. Este nuevo enfoque estratégico busca proteger las fronteras de los Estados Unidos destruyendo las bases operativas de las redes delictivas en el continente.

La exitosa operación militar en suelo caribeño fue posible gracias al nuevo escenario político derivado de la captura del narcodictador Nicolás Maduro y la posterior instauración de un gobierno de transición con Delcy Rodríguez. La administración interina venezolana solicitó formalmente el auxilio de Washington para neutralizar las células delictivas que controlaban amplias zonas del país, permitiendo un despliegue táctico sin precedentes del Comando Sur.
Fuentes de la Casa Blanca y medios como The New York Times compararon el rigor de esta campaña con las exitosas operaciones antiterroristas ejecutadas en Oriente Medio contra Al-Qaeda e ISIS. El fin de la dictadura chavista eliminó el santuario logístico de las mafias, abriendo la puerta a una cooperación bilateral de alta jerarquía para estabilizar la región.
El pilar ideológico de esta avanzada militar se sustenta en la denominada "Monroe Doctrine", una actualización de la Doctrina Monroe impulsada por el presidente Trump para retomar el control del hemisferio occidental frente a las amenazas transnacionales. El Pentágono justificó la intervención directa argumentando que el narcotráfico y las pandillas representan un peligro directo para la supervivencia de las democracias libres del continente. El general Donovan lidera el diseño operativo de la A3C, uniendo los recursos de inteligencia norteamericanos con el apoyo de gobiernos aliados comprometidos con el orden legal.
Las proyecciones de la secretaría de Defensa apuntan a replicar el modelo ejecutado en Venezuela en otras naciones afectadas por el flagelo de la delincuencia organizada, señalando directamente a Ecuador y Guatemala como próximos objetivos tácticos. El secretario Hegseth advirtió de forma taxativa que la ciudadanía estadounidense y los gobiernos de la región deben esperar la ejecución de nuevas acciones de combate mientras subsistan las estructuras delictivas en el istmo.
Las delegaciones del Comando Sur ya se encuentran gestionando alianzas bilaterales de cumplimiento obligatorio con las fuerzas armadas de las naciones aliadas para unificar los perímetros de defensa. La determinación de la Casa Blanca busca asfixiar los corredores logísticos que utilizan las corporaciones criminales para enviar estupefacientes hacia Norteamérica.
El relanzamiento de la presencia militar estadounidense consolida el liderazgo político de Donald Trump en el hemisferio, aislando de forma definitiva a las facciones remanentes de la izquierda radical que amparaban la actividad de los carteles. Para los defensores del ordenamiento y la firmeza institucional, la caída del Niño Guerrero en Venezuela valida la eficacia de la acción armada directa sobre la diplomacia pasiva.
(Con información de Infobae y The New York Times)