El régimen de Irán introdujo una nueva táctica de dilación en las mesas de negociación con los Estados Unidos al ratificar que continuará exigiendo cobros económicos por el tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz. El portavoz de la cancillería del Estado terrorista, Esmaeil Baqaei, justificó de manera insólita estas tarifas argumentando que corresponden a supuestos "servicios de navegación y protección ambiental" en el Golfo Pérsico.
La pretensión de la teocracia de Teherán de condicionar la libre navegación en un paso internacional clave ha sembrado profundas dudas sobre la viabilidad de un cese al fuego definitivo en el corto plazo. El propio Baqaei admitió que, si bien se registran avances en diversos puntos del borrador auspiciado por la mediación de China y Pakistán, la delegación persa mantiene reservas sustanciales que impiden calificar la firma del tratado como un hecho inminente.

La administración del presidente Donald Trump reaccionó con total firmeza ante los condicionamientos y ratificó que el bloqueo de los puertos petroleros persas seguirá vigente hasta que se logre un pacto satisfactorio. Desde Nueva Delhi, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, advirtió al régimen que Washington cuenta con una propuesta sólida de normalización marítima, pero aclaró que de no aceptarse los términos de rendición, se afrontará la amenaza mediante el uso de la fuerza.
La resolución del conflicto en Oriente Medio se encuentra supeditada a la innegociable exigencia impuesta por el gobierno de Israel respecto al programa atómico clandestino de los ayatolás. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, fue categórico al señalar ante los mediadores internacionales que ningún acuerdo será sostenible si no elimina el peligro nuclear de raíz en la región. La delegación de Jerusalén rechaza la pretensión iraní de postergar el debate sobre el enriquecimiento de uranio para fases posteriores.
Las tensiones en el plano diplomático se desarrollan mientras se mantiene la tregua técnica establecida el pasado 8 de abril, tras la contundente ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel que pulverizó los puestos de mando de la Fuerza Aérea y la Armada de Irán. La debilidad militar de la tiranía islámica contrasta con su arrogancia en las mesas de diálogo de Beijing y Teherán, donde sus diplomáticos intentan esquivar el desarme exigido por las democracias aliadas.
(Con información de Infobae y AFP)