El Gobierno de los Estados Unidos anunció la implementación inmediata de un protocolo de control sanitario en sus principales terminales aéreas. La medida, dictada de forma conjunta por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el Departamento de Estado, contempla la realización de exámenes médicos obligatorios a todos los pasajeros procedentes de las regiones africanas afectadas por el virus del Ébola.
Paralelamente, la Embajada estadounidense en Kampala, capital de Uganda, confirmó la suspensión temporal de todos los servicios de emisión de visados, cerrando el acceso directo a los titulares de pasaportes extranjeros que hayan transitado por Uganda, la República Democrática del Congo (RDC) o Sudán del Sur en los últimos 21 días.

La reacción de la Casa Blanca se precipitó luego de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara formalmente el brote como una emergencia sanitaria internacional, sumado al caso confirmado de un ciudadano estadounidense que contrajo la letal enfermedad en territorio congoleño por motivos laborales.
Satish Pillai, responsable de la gestión de incidentes biológicos de la agencia de salud pública, detalló que el paciente manifestó los primeros síntomas durante el fin de semana y será evacuado de urgencia hacia Alemania para recibir tratamiento especializado en una unidad de aislamiento de alta seguridad. Asimismo, el Departamento de Estado confirmó que se encuentra coordinando con el Ejército de los Estados Unidos la repatriación y el monitoreo médico de otros seis ciudadanos norteamericanos expuestos al foco infeccioso.
"En este momento, los CDC consideran que el riesgo inmediato para el público en general de los Estados Unidos es bajo. No obstante, continuaremos evaluando de cerca la evolución de la situación epidemiológica en el terreno y ajustaremos las medidas de fuerza en salud pública a medida que se disponga de información adicional", reza el comunicado oficial difundido por las autoridades sanitarias de Washington.
Por su parte, el presidente Donald Trump manifestó públicamente su preocupación ante la agresividad del brote, aunque transmitió un mensaje de calma a la ciudadanía al asegurar que, según los informes de inteligencia médica de su administración, la enfermedad "por ahora se ha limitado al continente africano".
En un esfuerzo por contener la crisis en su origen, el Departamento de Estado liberó una partida presupuestaria de emergencia de 13 millones de dólares en ayuda exterior destinada a fortalecer las capacidades de los laboratorios locales, la vigilancia epidemiológica, la gestión de casos clínicos y la ejecución de entierros seguros en las naciones afectadas, demostrando la capacidad de movilización financiera del país en un plazo menor a las 48 horas.
La Administración Trump ratificó que mantendrá intacta su política de priorizar la seguridad nacional mediante estrictos controles fronterizos y restricciones migratorias. Las agencias federales estadounidenses insistieron en que las medidas adoptadas en los aeropuertos son eficaces para evitar la entrada de patógenos al país, defendiendo que la soberanía sanitaria interna está plenamente garantizada.
(Con información de Euronews, DW, Departamento de Estado de los Estados Unidos)