Este sábado, el mando militar conjunto de Irán ha revertido su decisión de reabrir el Estrecho de Ormuz, declarando que la vía marítima vuelve a estar bajo su "estricta gestión y control". Teherán justifica este cierre como una medida de reciprocidad ante el bloqueo naval que la Marina de EE. UU. mantiene sobre las costas iraníes desde el pasado lunes. Según el portavoz militar del régimen, la "buena fe" mostrada el viernes fue respondida por Washington con actos de "piratería y bandidaje", lo que ha llevado a blindar nuevamente el paso de crudo.
“El control del Estrecho de Ormuz ha vuelto a su estado anterior. Seguiremos bloqueando el tránsito mientras persista el cerco estadounidense sobre nuestros puertos”, sentenció el mando iraní este sábado.
El endurecimiento de la postura iraní coincide con un ultimátum lanzado por Donald Trump desde el Air Force One. El mandatario estadounidense fue tajante al declarar que el cerco naval sobre los puertos de Irán se mantendrá en "plena fuerza y efecto" hasta que la negociación por el programa nuclear esté completada al 100%. Trump incluso elevó la apuesta al sugerir que, si no se alcanza un acuerdo antes de que expire el alto el fuego la próxima semana, podría autorizar la reanudación de los ataques aéreos:
"Desafortunadamente, tendremos que empezar a lanzar bombas de nuevo", advirtió.
La asfixia económica sobre Irán es total. Según datos del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM), ya son 23 los buques mercantes y petroleros que han sido interceptados y obligados a dar la vuelta en el Golfo de Omán por fuerzas norteamericanas. Se estima que el bloqueo le cuesta al régimen de los ayatolás cerca de 400 millones de dólares diarios en ingresos perdidos, una cifra que amenaza con colapsar su infraestructura petrolera por exceso de inventario si no se resuelve el conflicto antes del 26 de abril.
En medio de esta guerra de nervios, las señales sobre un posible pacto son contradictorias. Trump aseguró en una entrevista con CBS que Irán ya ha "aceptado todo", incluyendo el desmantelamiento de sus reservas de uranio enriquecido para que sean trasladadas a los Estados Unidos por "su gente". Sin embargo, desde Teherán, el portavoz del Ministerio de Exteriores calificó el uranio como algo "sagrado" y desmintió cualquier acuerdo de transferencia, asegurando que el material nuclear no saldrá de suelo iraní bajo ninguna circunstancia.
“Estamos negociando los últimos puntos. Todo debería ir muy rápido porque la mayoría de los temas ya están cerrados”, escribió Trump en Truth Social, contradiciendo el pesimismo de los funcionarios iraníes.
Ahora, la comunidad internacional observa cómo la presión máxima de Washington y la resistencia de Teherán mantienen al borde del abismo la seguridad energética del planeta, a la espera de que el próximo miércoles marque el fin de la tregua o el inicio de una nueva fase de hostilidades.