Empieza la 56ª Asamblea General de la OEA con figuras clave para el fortalecimiento de la democracia y el debate de las prioridades de seguridad en el hemisferio. El foro reúne en la capital panameña a destacadas figuras de la diplomacia hemisférica, entre ellas el embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Cabrera; el embajador estadounidense ante la OEA, Leandro Rizzuto; y la embajadora de Panamá ante el organismo, Ana Irene Delgado. El encuentro marca el inicio de una semana clave para debatir democracia, seguridad y los desafíos políticos que enfrenta la región.
🇵🇦🇺🇸‼️ | La sesión inaugural de la 56ª Asamblea General de la OEA en Panamá reunió a destacadas figuras de la diplomacia hemisférica, entre ellas el embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Cabrera; el embajador estadounidense ante la OEA, Leandro Rizzuto; y la embajadora de… pic.twitter.com/Y8e2pw67XG
— UHN Plus (@UHN_Plus) June 23, 2026
Durante la sesión de apertura, el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, defendió el valor de las acciones colectivas y el multilateralismo firme. No obstante, el alto funcionario matizó los objetivos de desarrollo con una advertencia sobre las arcas de la institución, precisando que el presupuesto proyectado de 93 millones de dólares para 2027 acarrea una fuerte presión fiscal y que recurrir a los fondos de reserva no es una estrategia viable. Ramdin exhortó a los Estados miembros a revalorizar la utilidad del organismo interamericano, subrayando que las cuotas nacionales se han mantenido congeladas mientras que las intervenciones técnicas que reciben muchos países superan sus aportaciones monetarias.

Esta discusión de eficiencia operativa se alinea con la visión de Donald Trump, la cual ha manifestado su firme intención de auditar el financiamiento destinado a los organismos multilaterales para asegurar resultados tangibles en favor de las democracias aliadas. Paralelamente, Washington aprovecha este foro estratégico para consolidar su preeminencia frente a la penetración comercial e industrial de China en América Latina. Esta política de soberanía continental quedó plasmada en la cumbre “Escudo de las Américas” celebrada en Florida, donde el presidente Trump congregó a diversos mandatarios de la región para ratificar acuerdos comerciales y de seguridad mutua en el hemisferio occidental.
Bajo la conducción de los embajadores Cabrera, Rizzuto y Delgado, las mesas de trabajo concentran sus esfuerzos en estructurar respuestas coordinadas frente a las dictaduras y regímenes autoritarios que vulneran los derechos fundamentales en el continente. En el plano bilateral, las relaciones entre Washington y La Habana atraviesan un periodo de marcada rigidez; aunque el canciller panameño, Javier Martínez Acha, ofreció formalmente su territorio como sede para un eventual diálogo de respeto mutuo, la Casa Blanca mantiene su política de máxima presión. De igual manera, el plenario mantiene bajo estricta observación el quiebre institucional en Nicaragua y la inestabilidad social que agita a Bolivia.
En contraste con estos focos de tensión, los pasillos de la cumbre evalúan de cerca la reconfiguración del mapa político sudamericano tras el inminente cambio de mando en Colombia. El proyectado triunfo electoral de la derecha, representado por Abelardo de la Espriella, pondrá fin a la gestión de izquierda de Gustavo Petro, un giro que promete modificar la correlación de fuerzas en el Consejo Permanente de la OEA y devolver a Bogotá a una línea de estrecha cooperación en seguridad y defensa.

Ante este dinamismo político, el presidente de la nación anfitriona, José Raúl Mulino, instó a las delegaciones de los 33 Estados miembros a ratificar su voluntad colectiva para neutralizar las amenazas del narcotráfico que socavan la paz americana. La agenda de resoluciones, coordinada por la secretaría general adjunta a cargo de Laura Gil, contempla la discusión de 16 proyectos de declaración, de los cuales 14 ingresaron al foro con un consenso previo alcanzado en los trabajos preparatorios de Washington.
El documento medular de la jornada será la “Declaración de Panamá sobre multilateralismo firme en defensa de la democracia, la seguridad hemisférica y la estabilidad en los Estados americanos”, un estatuto promovido por las principales potencias del hemisferio para vigilar con rigor las crisis internas, optimizar las políticas de salud mental y discapacidad, y articular planes de asistencia humanitaria inmediata destinados a mitigar la emergencia en Haití.
(Con información de Associated Press)