La Quinta Flota de Estados Unidos encabeza esta operación sin precedentes mediante los portaaviones USS Gerald R. Ford, Abraham Lincoln y George H.W. Bush. El despliegue incluye diez destructores de la clase Arleigh Burke y dos buques de asalto anfibio, encargados de coordinar el bloqueo total de las exportaciones e importaciones del estado terrorista.

Cerca de 2.200 infantes de marina y fuerzas especiales se encuentran listos para ejecutar abordajes aéreos y marítimos sobre cualquier embarcación sospechosa. La misión utiliza aviones E-2D Hawkeye para mantener una patrulla permanente, mientras los cazas F-35 y Super Hornet sobrevuelan la zona para imponer las órdenes de retorno a puerto mediante la presencia disuasoria.
La infraestructura tecnológica permite monitorear cada movimiento en el Golfo de Omán a través de aviones P-8 Poseidon y satélites de alta resolución. Los expertos navales destacan que la inteligencia precisa es la única forma de identificar a los "corredores del bloqueo", quienes intentan utilizar rutas alternativas para evadir la vigilancia constante de los destructores estadounidenses.
El régimen de Teherán representa una amenaza latente debido a su reciente adquisición de misiles chinos CM-302, con un alcance de 290 kilómetros. Estos proyectiles, junto con la presencia de minas navales y mini-submarinos de la Guardia Revolucionaria, obligan a los buques de Washington a mantener una distancia táctica que amplía considerablemente el área de patrullaje.

Los destructores armados con cañones de 127 mm tienen órdenes de realizar disparos de advertencia si los cargueros se niegan a ser inspeccionados en aguas internacionales. En casos de resistencia extrema, las fuerzas especiales cuentan con equipos diseñados para inmovilizar las naves con daños mínimos, asegurando que el flujo financiero hacia la dictadura teocrática permanezca completamente interrumpido.
Ex comandantes navales advierten que la extensión del litoral iraní y la existencia de puertos como Jask complican la efectividad absoluta del cerco con los recursos actuales. La necesidad de cubrir una ruta comercial tan amplia exige una rotación constante de los diez destructores, los cuales deben operar a velocidades de hasta 30 nudos para interceptar objetivos en tiempo real.
El uso de drones de reconocimiento y sistemas AWACS permite registrar la procedencia y destino de cada nave que intenta navegar por el estrecho de Ormuz. Aunque varios cargueros ya han sido forzados a dar media vuelta, el Pentágono evalúa el envío de más recursos ante la posibilidad de que Irán intente sabotear sus propios barcos para obstaculizar el canal.