El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, denunció las maniobras del grupo terrorista Hezbolá para desestabilizar la frágil democracia de Líbano mediante llamados explícitos a derrocar a su gobierno legítimo. El jefe de la diplomacia norteamericana calificó de "imprudente" la estrategia de la organización armada, acusándola de querer arrastrar al país de regreso a la destrucción para favorecer los intereses de su principal patrocinador, el Estado terrorista de Irán.
En declaraciones ofrecidas a The New York Times, Rubio descartó la posibilidad de un desenlace inmediato con el régimen integrista de Teherán, advirtiendo que los asuntos de seguridad nacional no se resuelven de forma improvisada. El secretario de Estado insistió en que el desmantelamiento de las capacidades hostiles requiere un respaldo internacional sólido de los países aliados y un tiempo prudencial de verificación técnica.

El cabecilla de la red terrorista en Líbano, Naim Qasem, ratificó la negativa de su organización a entregar los arsenales de misiles con los que hostigan las fronteras regionales. En un discurso televisado, el líder integrista rechazó el desarme obligatorio exigido por las potencias democráticas, tildando el monopolio estatal de las armas como un supuesto "proyecto israelí" que buscaría la aniquilación de su movimiento. Qasem instó formalmente a las autoridades de Beirut a romper cualquier línea de negociación con Israel, evidenciando el temor de la cúpula extremista a quedar aislada ante el avance de las conversaciones bilaterales.
En respuesta al desafío del extremismo islámico, el presidente Trump reiteró que la República Islámica jamás tendrá permitido desarrollar ni adquirir armamento nuclear bajo su administración. El mandatario estadounidense contrastó su estrategia de máxima presión con el acuerdo firmado durante la gestión de Barack Obama, al cual acusó de haber entregado millonarios recursos financieros que Irán utilizó para financiar el terrorismo internacional.
Como mecanismo de presión inmediata, las fuerzas navales de los Estados Unidos mantienen un estricto bloqueo sobre el estratégico Estrecho de Ormuz para asfixiar las rutas comerciales del régimen de los ayatolás. Fuentes oficiales de la administración confirmaron que el patrullaje militar en el corredor marítimo continuará vigente hasta que se suscriba un tratado definitivo que garantice el fin de las agresiones.
El Departamento de Estado norteamericano monitorea los preparativos para el próximo ciclo de conversaciones diplomáticas de alto nivel que se desarrollará en el mes de junio. Rubio concluyó que la firmeza institucional frente a las provocaciones de Hezbolá es el único camino viable para asegurar que la ayuda humanitaria y el orden constitucional prevalezcan sobre la violencia integrista.
(Con información de Infobae, Reuters y AFP)