Las fuerzas de ocupación rusas escalaron sus agresiones en las rutas comerciales del mar Negro al arremeter contra una embarcación civil de propiedad turca. De acuerdo con las denuncias de la Armada de Ucrania, el carguero seco ANT, que navegaba bajo la bandera de la república insular de Vanuatu tras zarpar de la región portuaria de Odesa con rumbo a Turquía, fue el blanco de un ataque ejecutado con drones kamikazes por el ejército de Vladímir Putin.
La embestida de Moscú desató un incendio en la estructura del navío y provocó heridas a dos miembros de la tripulación, quienes tuvieron que ser evacuados de emergencia por lanchas militares ucranianas hacia un centro médico en tierra firme. El gobernador de Odesa, Oleg Kiper, desveló que durante la misma madrugada la artillería aérea rusa golpeó con total impunidad a otros dos barcos mercantes extranjeros de bandera de Comores y Panamá.
Con estas maniobras hostiles, Rusia busca convertir el mar Negro en un área de exclusión bajo su control delictivo, amenazando la seguridad de tripulaciones neutrales. La maquinaria de guerra del Kremlin también lanzó un misil balístico de alta precisión Iskander junto con 320 drones de diversos tipos, incluyendo las municiones merodeadoras de fabricación iraní. Pese a que las defensas antiaéreas ucranianas lograron interceptar y derribar un total de 217 aparatos enemigos, el desproporcionado volumen de la ofensiva rusa consiguió vulnerar los perímetros de seguridad, impactando de forma directa en 14 puntos distintos del territorio civil.

En paralelo al bombardeo naval, uno de los drones explosivos de la aviación de Putin se desvió de su curso y se estrelló de lleno contra un edificio de apartamentos residenciales en la ciudad fronteriza rumana de Galati, provocando el pánico colectivo y dejando dos civiles heridos.
La selección del carguero ANT como objetivo militar pone al descubierto la hipocresía política de la dictadura rusa, que no duda en atacar los activos de naciones con las que mantiene supuestos lazos de cooperación estratégica. Turquía ha intentado sostener una posición de mediador y preservar canales de comunicación bilaterales con el Kremlin desde el inicio de las hostilidades, una postura que Moscú ha respondido bombardeando sus buques mercantes e incendiando sus herramientas de comercio civil.
(Con información de DW y La Razón)