El regreso de astronautas a la superficie lunar en la misión Artemis IV dependerá de una maniobra inédita en la exploración espacial: el reabastecimiento de combustible en órbita. Para que la nave Starship de la compañía de Elon Musk actúe como módulo de alunizaje, SpaceX deberá ejecutar una compleja secuencia de lanzamientos, acoplamientos y transferencias de propelente antes de recibir a la tripulación enviada por la NASA.
La viabilidad del plan requiere establecer una infraestructura temporal en órbita terrestre baja mediante el envío de naves cisterna y depósitos espaciales. Las estimaciones sobre la cantidad de lanzamientos necesarios difieren considerablemente, situándose entre seis y ocho vuelos según la empresa privada, mientras que auditorías de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) y paneles asesores señalan que podrían requerirse hasta 22 operaciones.
Desafíos técnicos de la transferencia de propelentes criogénicos
La razón de esta arquitectura responde a las limitaciones de masa y gravedad, ya que el vehículo no puede partir desde la Tierra con el combustible total requerido para completar el viaje, el frenado y el posterior ascenso lunar. La maniobra implica la transferencia en microgravedad de metano líquido y oxígeno líquido, sustancias que exigen sistemas de propulsión de alta precisión para ubicar los fluidos en posición adecuada y evitar su evaporación.
Una vez completada la primera fase de abastecimiento en órbita baja, la nave depósito ascenderá a una trayectoria superior para realizar una segunda carga sobre el módulo de alunizaje. Posteriormente, el cohete SLS lanzará la cápsula Orion con cuatro astronautas a bordo para efectuar el encuentro espacial, permitiendo que dos tripulantes aborden la Starship y desciendan a la superficie de la Luna.
Pruebas previas y alternativas estratégicas de la NASA
Con el fin de mitigar los riesgos operativos, la agencia espacial estadounidense ha programado para 2027 la misión Artemis III, una prueba de 14 días en órbita terrestre para validar los procedimientos de proximidad y acoplamiento entre la nave Orion, un prototipo de Starship y el módulo Blue Moon desarrollado por la firma Blue Origin.
En paralelo, la NASA mantiene el desarrollo de alternativas técnicas y proveedores múltiples para garantizar la competitividad y evitar la dependencia exclusiva de un solo sistema. El administrador de la agencia, Jared Isaacman, enfatizó la urgencia de consolidar los avances del programa espacial para asegurar una presencia permanente en la Luna frente al avance de competidores internacionales.
(Con información de Infobae)