El presidente Donald Trump ha autorizado este viernes una nueva prórroga de un mes para la comercialización de petróleo y derivados rusos que se encuentran en tránsito marítimo. La medida, ejecutada por el Departamento del Tesoro, permite que el flujo de crudo continúe hasta el 16 de mayo, asegurando que los mercados internacionales cuenten con la oferta necesaria para contrarrestar el bloqueo ilegal impuesto por Irán en el Estrecho de Ormuz.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha sido el encargado de articular esta estrategia de "presión inteligente". Al permitir la entrada de este crudo al sistema, Washington evita que el precio del barril se dispare a niveles que habrían beneficiado mucho más a Irán. La administración ha dejado claro que esta flexibilidad es una herramienta táctica para mitigar las interrupciones causadas por el conflicto en Medio Oriente.
“Si el precio del barril hubiera alcanzado los 150 dólares por la inacción, el beneficio para los regímenes autoritarios habría sido mucho mayor. Estamos actuando para evitarlo”, justificó Scott Bessent.
A pesar de las críticas procedentes de Kiev y de algunos sectores de la Unión Europea, la Casa Blanca mantiene su enfoque en la eficiencia y el interés nacional. Mientras el presidente ucraniano Volodimir Zelensky exige un endurecimiento total de las sanciones, la administración Trump entiende que evitar que la inflación energética financiada por el caos en Ormuz debilite la posición de Estados Unidos y sus aliados, es el objetivo central de esta acción.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) ha blindado la medida con salvaguardas estrictas, garantizando que este alivio temporal no beneficie de ninguna manera a entidades vinculadas con Irán, Corea del Norte o Cuba. Esta distinción permite que el mercado respire sin ceder un ápice en la lucha contra el eje del terrorismo.