La administración de Donald Trump ha reforzado una agresiva estrategia diplomática en América Latina para frenar la expansión de proyectos tecnológicos impulsados por el régimen chino. Según reveló The New York Times, Washington logró paralizar iniciativas clave en Argentina y Chile tras advertir sobre el "uso dual" de infraestructuras que, bajo una apariencia civil y científica, esconden capacidades de inteligencia militar.
La preocupación de los funcionarios estadounidenses radica en que tecnologías como la del observatorio de San Juan, con una antena de 40 metros de diámetro, permiten rastrear satélites y captar señales espaciales sensibles para el Pentágono. Washington sostiene que estos sistemas no solo sirven para estudiar galaxias lejanas, sino que operan como herramientas de apoyo para el Ejército chino en operaciones de vigilancia global.

Esta disputa también alcanzó al desierto de Atacama, en Chile, donde otro proyecto astronómico promovido por China quedó suspendido tras conversaciones directas entre autoridades chilenas y estadounidenses, quienes priorizan blindar instalaciones sensibles frente a la penetración de potencias extracontinentales.
Bajo la gestión del presidente Javier Milei, la relación entre Buenos Aires y Washington se ha fortalecido notablemente, facilitando el escrutinio sobre la base espacial china en Neuquén. Esta estación, construida por el Ejército chino en la Patagonia y cedida por 50 años durante el kirchnerismo, es vista por la Casa Blanca como el ejemplo más peligroso de la consolidación estratégica de Beijing en la región.
Los científicos locales vinculados al radiotelescopio de San Juan han manifestado su preocupación, argumentando que el proyecto tiene fines puramente astronómicos y de investigación estelar. Sin embargo, para Washington, la distinción entre ciencia y milicia es inexistente en el modelo de gestión del régimen comunista, donde cada avance civil debe servir obligatoriamente a los intereses del Partido Comunista Chino.

China ha respondido a estas acciones acusando a Estados Unidos de utilizar la seguridad nacional como una excusa para obstaculizar su desarrollo científico y comercial. La embajada china en Buenos Aires calificó la presión estadounidense como una interferencia en acuerdos soberanos de cooperación, asegurando que sus objetivos son exclusivamente académicos.
Pese a estas declaraciones, Washington mantiene su política de "máxima vigilancia", incorporando mecanismos de control de exportaciones y sanciones para evitar que tecnología de punta termine fortaleciendo el programa espacial militar del gigante asiático en territorio latinoamericano.
(Con información de The New York Times)