La decisión del gobierno tailandés de abrogar el acuerdo, conocido como "MOU 44", marca un giro estratégico hacia la protección de los intereses territoriales frente a las pretensiones de Phnom Penh. Durante más de dos décadas, el marco bilateral no logró avances significativos en la delimitación de las áreas superpuestas en el Golfo de Tailandia, un espacio rico en hidrocarburos cuya explotación conjunta quedó estancada por la inestabilidad política y la falta de consenso.
El primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, quien fue reelegido recientemente bajo una plataforma de derecha conservadora y nacionalista, cumplió así una de sus promesas de campaña más emblemáticas. La anulación del pacto es la consecuencia directa de un deterioro drástico de las relaciones bilaterales. El año pasado, ambos países protagonizaron combates fronterizos en julio y diciembre, los cuales dejaron un saldo de 150 muertos y cientos de miles de desplazados.
Aunque actualmente rige un frágil alto el fuego (alcanzado tras la mediación del presidente estadounidense Donald Trump), el despliegue militar en la zona sigue siendo masivo y las tensiones persisten ante lo que el sector conservador tailandés percibe como una amenaza constante a su integridad territorial. Desde Bangkok, se cree que el marco de 2001 ya no es útil. Anutin desvinculó la cancelación de los conflictos fronterizos recientes, argumentando que se trata de un ajuste de política interna tras 25 años de parálisis.
Por su parte, la portavoz del gobierno, Rachada Dhnadirek, explicó que Tailandia propone ahora trasladar la disputa a mecanismos internacionales bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Según el gobierno tailandés, este marco es "más sistemático" y permitirá una defensa más técnica y eficaz de los derechos marítimos del país.

En Camboya, la noticia fue recibida con un profundo pesar. El ministro de Relaciones Exteriores, Prak Sokhonn, calificó la medida como un "alejamiento de la voluntad política" necesaria para resolver los asuntos de forma pacífica y bilateral. Ante el desplante de Tailandia, Phnom Penh anunció que recurrirá a la conciliación obligatoria en el marco de la ONU.
El área en disputa contiene vastos recursos de petróleo y gas que ambos países anhelaban explotar. Sin embargo, para la base conservadora del partido Bhumjaithai, la soberanía territorial no es negociable a cambio de beneficios económicos inmediatos bajo un marco que consideran obsoleto.
Si bien el ministro de Exteriores tailandés, Sihasak Phuangketkeow, aseguró que no se trata de una ruptura de relaciones sino de una búsqueda de sinceridad en la negociación, el paso a organismos internacionales complica la resolución rápida de la soberanía energética.
Fuentes: AP, Reuters.