Una demanda en la Corte de Manhattan sostiene que el accidente del río Hudson en 2025 fue consecuencia de una negligencia predecible de New York Helicopter Charter Inc. El siniestro mató a seis personas, incluyendo a cinco miembros de la familia del ejecutivo Agustín Escobar. La aeronave se desintegró dieciséis minutos después del despegue, cayendo cerca de Hoboken tras un fallo mecánico fulminante.
El documento legal afirma que Roth actuó con desprecio voluntario por la vida humana al ignorar una Directiva de Aeronavegabilidad crítica emitida por la FAA en 2022. Esta normativa exigía inspecciones recurrentes a las palas principales del rotor del modelo Bell 206L-4 para detectar signos de delaminación o separación de componentes.

La acusación señala además la ausencia de personal calificado en materia de seguridad dentro de la empresa operadora durante el periodo previo a la tragedia. El texto judicial menciona que Roth despidió a su director de operaciones poco después de que este acatara la orden de las autoridades de detener los vuelos para investigar los riesgos. Por su parte, el director ejecutivo ha negado cualquier responsabilidad personal
Hasta la fecha, ni la FAA ni la NTSB han emitido sus conclusiones finales sobre las causas exactas del siniestro, aunque los registros oficiales confirman la existencia del aviso de seguridad ignorado. La disputa legal también salpica a la empresa Siemens, vinculada profesionalmente con una de las víctimas, por su presunta corresponsabilidad en la contratación del servicio.
La reconstrucción de los hechos indica que la familia Escobar-Camprubí había llegado a Nueva York pocas horas antes del accidente con la ilusión de realizar un recorrido turístico. El vuelo partió a las 14:59 horas desde un helipuerto en Manhattan, siguiendo un itinerario hacia el norte del río Hudson antes de virar hacia el sur para su tramo final.

El impacto emocional del suceso se agrava por el relato de los momentos previos a la caída, donde las víctimas experimentaron terror ante la muerte inminente y una angustia mental extrema. La demanda, interpuesta por el hermano de Mercè Camprubí Montal, busca justicia por los daños físicos y el dolor infligido a una familia que solo buscaba disfrutar de las vistas de la ciudad.
Michael Roth ha defendido su posición ante los medios asegurando que su empresa no cometió errores, cargando la culpa sobre los fabricantes de las piezas y la aprobación inicial de la FAA. El empresario declaró haber dejado de utilizar ese tipo de palas tras el accidente, aunque evitó responder sobre quién debía ejercer el control directo de las piezas en una aeronave bajo contrato de alquiler.
El proceso judicial en Manhattan continuará analizando las comunicaciones internas de la operadora y los contratos de mantenimiento de la aeronave siniestrada. Mientras tanto, las familias de las víctimas exigen cambios estructurales en la normativa de aviación para evitar que otros turistas enfrenten riesgos similares.