Según un artículo The Economist, la guerra con Irán evidenció la ineficiencia de usar misiles costosos contra drones baratos, impulsando a la administración Trump hacia las denominadas "neo-principales". Compañías como Palantir, SpaceX y Anduril lideran este cambio tecnológico, ofreciendo software y redes de satélites que desafían el dominio de los contratistas tradicionales.
El secretario de guerra, Pete Hegseth, presentó una estrategia de inteligencia artificial inspirada en la gestión de Elon Musk para acelerar la integración técnica en el Departamento de Guerra. El sistema de mando Maven, desarrollado por Palantir, se convirtió oficialmente en un programa del Pentágono, asegurando financiación estatal a largo plazo. El ejército unificó a diversos proveedores, incluyendo a Anduril, en un acuerdo estratégico valorado en 20.000 millones de dólares para los próximos diez años.

Aunque gigantes como Lockheed Martin superan en ventas a estas startups, los inversores valoran al trío emergente en más del triple que a los contratistas históricos. SpaceX prepara la mayor oferta pública inicial de la historia, mientras que Anduril alcanza una valoración de 60.000 millones de dólares a pesar de registrar pérdidas iniciales. El presupuesto de defensa podría crecer hasta los 1,5 billones de dólares.
Estas firmas prefieren contratos de precio fijo donde asumen el costo de investigación, lo que incentiva la rapidez y eficiencia en la entrega de resultados. Este modelo permitió que drones como el LUCAS fueran desplegados en solo ocho meses tras la presentación de su prototipo inicial.
Persiste la duda sobre la capacidad de estas empresas para escalar su producción, especialmente tras la reciente apertura de una gran fábrica de Anduril en Ohio. El Pentágono busca sistemas interoperables, pero existe el riesgo de generar nuevas dependencias exclusivas hacia el software de Palantir o los satélites de SpaceX.
El enfoque en drones podría desviar recursos de armamento tradicional necesario para conflictos de larga distancia, como un potencial enfrentamiento con China. También se mencionan los vínculos entre la familia Trump y los fondos de capital riesgo que financian a estas empresas de defensa. Donald Trump Jr. es socio de 1789 Capital, inversora en Anduril, mientras que el presidente ha destacado públicamente en sus plataformas digitales la capacidad bélica y el equipamiento que proporciona Palantir.
La burocracia de adquisiciones se ha reducido drásticamente para agilizar la llegada de innovación al frente, eliminando trámites que antes retrasaban los proyectos durante años. Sin embargo, la rapidez en la toma de decisiones podría complicar la gestión de contratos de mayor envergadura en el futuro cercano.
El mercado observa con atención cómo estas empresas gestionarán el crecimiento sin perder la agilidad que las llevó a desplazar a los líderes tradicionales del sector. El éxito de esta transición dependerá de la capacidad de los nuevos contratistas para cumplir con los plazos y presupuestos en programas de escala global.
La reestructuración del complejo militar-industrial era necesaria y el apoyo de diversos sectores políticos refuerza la posición de estas empresas emergentes. El objetivo final es consolidar una infraestructura de defensa que sea capaz de responder a las amenazas del siglo XXI con mayor velocidad.