Croacia y Montenegro confirmaron que varios de sus ciudadanos integran la tripulación de los dos buques portacontenedores capturados por la Guardia Revolucionaria de Irán en el Estrecho de Ormuz. El Ministerio de Exteriores croata informó que dos marineros de su país se encuentran a bordo del MSC Francesca, una embarcación de bandera panameña abordada violentamente por fuerzas del estado terrorista.
La televisión estatal del régimen difundió imágenes del abordaje armado, donde se observa a individuos uniformados y encapuchados trepando por escalerillas con rifles desenfundados. El operativo, realizado mediante lanchas rápidas que lucían banderas iraníes, ha sido justificado por Teherán bajo la acusación de que el MSC Francesca y el Epaminondas operaban sin permisos y con sistemas de navegación manipulados.

El sindicato de marinos de Croacia confirmó que los trabajadores retenidos aún poseen sus pertenencias personales y teléfonos móviles, lo que ha permitido verificar su estado de salud. Sin embargo, la organización gremial criticó duramente a las empresas navieras por exponer a sus empleados a un peligro extremo al transitar por una zona de conflicto bélico declarado.
La captura de estos buques se produce en medio de una escalada sin precedentes que ha reducido el tráfico marítimo de 130 barcos diarios a tan solo unos pocos ejemplares escoltados o autorizados. Irán ha condicionado la liberación de la vía al levantamiento del bloqueo naval impuesto por Estados Unidos, utilizando el secuestro de naves comerciales como herramienta de presión política.

El régimen de los ayatollahs ha comenzado a cobrar peajes ilegales a los buques que solicitan paso por el estrecho, confirmando ingresos por esta actividad extorsiva según funcionarios del parlamento iraní. Mientras tanto, las negociaciones de paz permanecen suspendidas, dejando el futuro de los marineros croatas y montenegrinos en una incertidumbre absoluta.
La situación en el Estrecho de Ormuz permanece al borde del colapso total, con fuerzas navales de distintas potencias vigilando los movimientos de la Guardia Revolucionaria para evitar nuevos abordajes. Los gobiernos de Croacia y Montenegro mantienen canales de comunicación discretos para gestionar la repatriación de sus ciudadanos, evitando dar detalles que puedan comprometer su seguridad.