La administración de Estados Unidos ha lanzado una exigencia formal al estado terrorista de Irán para que proceda con la liberación inmediata y sin condiciones de Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Paz 2023. La activista, símbolo de la resistencia contra la opresión del régimen clerical, atraviesa un estado de salud crítico tras haber sufrido, según allegados, dos infartos en las últimas semanas.
Washington, a través del subsecretario de Estado para Derechos Humanos, Riley Barnes, advirtió que la responsabilidad sobre la vida de Mohammadi recae directamente sobre Teherán, en un momento donde las organizaciones internacionales denuncian que la falta de atención especializada constituye una condena a muerte encubierta.
El diagnóstico médico de Mohammadi es alarmante y requiere una intervención de alta complejidad que el sistema penitenciario iraní se niega a facilitar. Los especialistas de la Fundación Narges Mohammadi, con sede en París, indican que la activista padece de angina de Prinzmetal, una afección severa caracterizada por espasmos en las arterias coronarias que provocan arritmias y variaciones bruscas de la presión arterial.

A pesar de encontrarse en una unidad de cuidados básicos en Zanjan, el fiscal de Teherán ha bloqueado sistemáticamente su traslado a la capital para realizarle una angiografía y recibir tratamiento especializado, lo que incrementa el riesgo de daños irreparables o un desenlace fatal en las próximas horas.
La persecución contra Mohammadi es el reflejo de la naturaleza represiva del régimen iraní, que la mantiene bajo una condena de seis años por cargos de "seguridad nacional" que su defensa califica de fabricados. Durante su encarcelamiento, la periodista ha perdido cerca de 20 kilos y presenta severas dificultades para expresarse, señales inequívocas del maltrato institucional al que es sometida.
El compromiso de Mohammadi con la libertad va más allá de las fronteras iraníes, habiéndose manifestado públicamente en contra del conflicto bélico regional. Para la activista, la violencia solo sirve para que el régimen clerical de Teherán fortalezca su control interno y siga vulnerando a la población civil. Esta postura crítica, reafirmada incluso durante el funeral de un colega abogado, fue el detonante para que las autoridades endurecieran su cautiverio.
La Fundación Narges Mohammadi ha intensificado su campaña internacional para lograr el traslado urgente de la Nobel a Teherán, advirtiendo que cada minuto de retraso es un paso más hacia una tragedia irreparable. Los familiares han denunciado que el régimen utiliza la salud de los prisioneros políticos como una herramienta de extorsión y castigo, una práctica recurrente en las cárceles iraníes.
(Con información de EFE y AFP)