Un equipo internacional de especialistas, liderado por el profesor Garrick Allen, logró recuperar 42 páginas inéditas del Codex H, un manuscrito griego del siglo VI que contiene las Cartas de San Pablo. El hallazgo fue posible gracias a la aplicación de imágenes multiespectrales, una tecnología avanzada que permitió rescatar "impresiones fantasma" de tinta invisibles al ojo humano.
La clave del descubrimiento residió en un fenómeno químico: en el pasado, el manuscrito fue retintado, lo que provocó que la tinta fresca se transfiriera a las hojas adyacentes, creando una imagen especular del texto. Al combinar las capturas digitales de alta precisión con dataciones por radiocarbono realizadas en París, los expertos confirmaron que los folios pertenecen efectivamente al siglo VI.

Para la comunidad académica, el Codex H es un "testigo fundamental" que permite reconstruir cómo se leía la Biblia en la antigüedad, aportando una evidencia física de enorme valor sobre la crítica bíblica y la preservación de los documentos sagrados en los centros monásticos.
Más allá del contenido de las epístolas, el estudio reveló que el Codex H contiene el registro más antiguo del aparato euthaliano, un sofisticado sistema de organización textual. Este método incluía prólogos, listados de capítulos y marcadores de citas que funcionaban como una guía de navegación antes de que existiera la numeración de páginas moderna.
La investigación también arrojó luz sobre la vida intelectual en el monasterio de la Gran Laura. Las páginas recuperadas muestran rastros de correcciones y anotaciones posteriores, lo que demuestra que los monjes no eran simples copistas, sino que intervenían activamente en la modificación y actualización de los textos sagrados.
El proyecto, realizado en colaboración con la Early Manuscripts Electronic Library, estima que el manuscrito original pudo tener varios centenares de páginas antes de ser desguazado por razones prácticas. La paradoja de este hallazgo es que lo que en el siglo XIX se consideraba una pérdida irreparable —el desmembramiento de códices antiguos— terminó siendo el método de preservación involuntaria que permitió a la ciencia del siglo XXI recuperar estas piezas mediante luz infrarroja y ultravioleta.
(Con información de la Universidad de Glasgow e Infobae)