El Salvador se enfrenta a un escenario crítico de seguridad estructural, con el 63% de su territorio catalogado bajo una amenaza sísmica alta. Según las investigaciones presentadas por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), esta condición es producto de la ubicación geográfica del país, atravesado por una cadena volcánica activa y un complejo sistema de fallas tectónicas.
El informe destaca que la exposición constante a procesos de subducción y movimientos de tierra frecuentes pone en riesgo directo a una gran parte de la infraestructura nacional, afectando tanto a zonas densamente pobladas como a sectores rurales.

La vulnerabilidad habitacional es uno de los puntos más alarmantes, ya que el 40% de las estructuras evaluadas no cumple con los estándares sismorresistentes vigentes. Departamentos como San Salvador, Santa Ana y La Libertad concentran la mayor cantidad de viviendas expuestas, muchas de las cuales han sido construidas con mampostería no reforzada o materiales rudimentarios.
“Nueve de cada diez estructuras en el país están expuestas a aceleraciones del suelo capaces de causar daños destructivos”, señala el análisis del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico.
El riesgo se intensifica en el Área Metropolitana de San Salvador debido a la presencia de suelos blandos que amplifican las ondas sísmicas. Por otro lado, el 37% del territorio restante se encuentra en una categoría de amenaza moderada, aunque no está exento de peligro; se han identificado al menos 12 zonas con recurrencia de enjambres sísmicos, especialmente en el centro y occidente del país.
Ante este panorama, los expertos urgen a una actualización periódica de los códigos de construcción y a la implementación de programas de rehabilitación para las viviendas más antiguas. Solo cinco de los 44 municipios evaluados presentan niveles aceptables de resiliencia estructural, lo que deja al resto del país en una situación de baja capacidad de respuesta ante emergencias.