La presencia militar de Rusia en África ha registrado su revés más significativo con la pérdida de Kidal, una localidad clave en el norte de Mali que Moscú había recuperado en 2023. La plaza fue tomada el pasado 25 de abril por una coalición formada por combatientes tuareg del Frente de Liberación de Azawad (FLA) y milicianos del grupo yihadista JNIM, vinculado a Al Qaeda.
Según informes del Financial Times, las tropas rusas del Africa Corps se vieron obligadas a replegarse ante el avance de los insurgentes, lo que representa una derrota simbólica y táctica para el Kremlin, que reemplazó a Francia como principal socio de seguridad del régimen de Bamako hace cinco años.

El impacto de la ofensiva se extendió hasta las proximidades de la capital con el asalto al centro de mando militar en Kati, donde resultó muerto el ministro de Defensa, Sadio Camara. Camara era considerado el principal artífice del acercamiento estratégico entre Mali y Rusia, además de ser el enlace directo con los mandos de Moscú.
Analistas internacionales señalan que los aproximadamente 2.000 efectivos rusos desplegados en el país carecen de la capacidad de inteligencia y vigilancia necesaria para cubrir un territorio que duplica la superficie de Ucrania. Expertos del Soufan Center indican que el equipamiento enviado desde Rusia, como vehículos de orugas, resulta inadecuado para la guerra de desierto, facilitando las emboscadas de los insurgentes.
Desde Moscú, las agencias oficiales han calificado el repliegue como una maniobra coordinada con el estado mayor maliense, negando un descalabro operativo. La agencia Pravda describió la jornada como una victoria al asegurar que se repelieron ataques en otras regiones, aunque fuentes locales denuncian que los paramilitares rusos abandonaron a soldados locales durante la retirada de Kidal.
La continuidad del proyecto ruso en el Sahel se enfrenta a una reevaluación táctica, con la posibilidad de que Moscú reduzca sus ambiciones hacia la protección exclusiva de la infraestructura crítica y la cúpula del régimen. Este modelo, ya aplicado en Níger y Burkina Faso, sugiere una presencia más reducida y menos enfocada en el control territorial extenso.