El intento de las potencias europeas por recuperar protagonismo en el Estrecho de Ormuz ha terminado en un sonoro desplante diplomático. Este viernes 17 de abril, mientras Emmanuel Macron y Keir Starmer presentaban en París una misión multinacional "defensiva" para proteger el comercio mundial, Donald Trump desbarataba la narrativa desde Washington. El mandatario estadounidense reveló que, tras haber solicitado ayuda semanas atrás y recibir una negativa por respuesta, ahora es él quien ordena a la OTAN mantenerse "alejada" de una victoria que no les pertenece.
La cumbre en el Elíseo, que reunió a medio centenar de países y organismos, pretendía "acelerar la planificación militar" para garantizar la libre navegación. Sin embargo, para la Casa Blanca, este movimiento no es más que oportunismo geopolítico. Trump recordó con sarcasmo que los aliados fueron "inútiles cuando se les necesitó" durante el mes de bloqueo asfixiante, y que ahora que Irán ha cedido ante la presión de los portaaviones estadounidenses, Europa intenta colgarse medallas enviando barcos a una zona ya estabilizada.
“Ahora que la situación ha terminado, recibí una llamada de la OTAN preguntando si necesitaríamos ayuda. Les dije que se mantuvieran alejados”, sentenció Trump en sus redes sociales.

La desconexión entre ambos lados del Atlántico es total. Mientras el canciller alemán Friedrich Merz mendigaba la participación de Estados Unidos en la nueva misión europea, Trump reafirmaba que su país mantendrá el bloqueo naval sobre los puertos iraníes de forma unilateral hasta lograr un acuerdo definitivo. Para el presidente republicano, la propuesta de Macron y Starmer llega tarde y mal, calificando a las fuerzas aliadas como un "tigre de papel" que carece de la voluntad necesaria para actuar cuando el riesgo es real.
El éxito de la reapertura de Ormuz está directamente ligado a la tregua en el Líbano y a la estrategia de "presión máxima" de Washington, que provocó un desplome del 9% en los precios del petróleo. No obstante, los líderes europeos insistieron en París en la necesidad de una misión "estrictamente pacífica" para evitar restricciones comerciales. Esta retórica ha sido interpretada por la administración Trump como un intento de "privatizar" la seguridad del estrecho mediante convenios de conveniencia, después de haber dejado solo a Estados Unidos en el momento más crítico del conflicto.
“Los aliados fueron inútiles cuando se les necesitó. A menos que solo quieran cargar sus barcos de petróleo, que se mantengan alejados”, añadió el mandatario estadounidense.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, intentó reforzar la postura de Macron calificando la libertad de navegación como una "prioridad urgente". Sin embargo, la realidad operativa es que las navieras internacionales ya han comenzado a reanudar el tránsito bajo la garantía de seguridad que ofrece el CENTCOM y la Marina estadounidense, no bajo la promesa de una misión europea que apenas empezará a planificarse la próxima semana en Londres.