El Partido Popular ha presentado una reforma educativa que pone el foco en el "regreso a los básicos" para combatir los alarmantes índices de baja comprensión lectora en España. El plan, propone blindar por ley al menos una hora de lectura obligatoria a la semana en todos los cursos de Primaria y Secundaria. Esta medida, que el PP implementaría si llega al Gobierno tras las elecciones de 2027, supondría modificar la actual ley educativa (Lomloe) para otorgar a la lectura el rango y el horario de una asignatura protegida y no sustituible.
La propuesta surge como respuesta a datos críticos: el 31% de los universitarios españoles posee un nivel de comprensión lectora bajo, una cifra que supera la media de la OCDE (26%). Según el PP, la "fuga de lectores" se acentúa especialmente entre los 12 y 14 años, coincidiendo con la llegada del primer teléfono móvil. Por ello, el plan establece una "prioridad absoluta" para el libro de papel y la escritura a mano, relegando el uso de pantallas en las aulas a situaciones estrictamente didácticas y específicas, en un giro radical frente a la tendencia de digitalización de las últimas décadas.

“Si fallan los cimientos (leer y entender lo que se lee), peligra todo el edificio de la educación. Leer es discernir; quien consolida este hábito no solo es más sabio, sino también más libre frente a la manipulación”, señalan fuentes del partido liderado por Feijóo.
El plan no solo se centra en el soporte, sino también en la metodología. El PP defiende que la escritura a mano es fundamental para la memoria y la síntesis de ideas. Según los argumentos del partido, los alumnos que toman apuntes a mano tienen hasta un 58% más de probabilidades de obtener un sobresaliente frente a quienes teclean, ya que el proceso físico obliga a procesar la información en lugar de simplemente transcribirla. Esta "vuelta a lo analógico" se apoya en evidencias científicas que asocian el exceso de pantallas con problemas de salud física y un menor rendimiento intelectual.
Uno de los pilares del proyecto es la "monitorización rigurosa". El PP pretende implantar sistemas de evaluación continua para medir la velocidad y la comprensión lectora de cada alumno de forma individualizada. Hasta ahora, España dependía mayoritariamente de indicadores externos como el informe PISA, lo que ha mantenido al sistema "ciego" durante años sobre la progresión real en las aulas. Con este seguimiento, se busca una intervención temprana que involucre a las familias y detecte dificultades antes de que el alumno llegue a etapas críticas.
El plan contempla que las bibliotecas escolares recuperen su protagonismo, convirtiéndose en el corazón de los colegios e institutos. Se fomentará una selección de lecturas clásicas adaptadas y se promoverá la "lectura acompañada" por docentes, priorizando la profundidad del análisis sobre el volumen de páginas leídas.