El ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, recrudeció este domingo sus críticas contra el presidente Pedro Sánchez tras el anuncio de España de promover en Bruselas la ruptura del acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel. Saar censuró la posición del Ejecutivo calificándola de hipócrita y cuestionó su legitimidad para actuar como referente en derechos humanos ante la comunidad internacional.

La diplomacia israelí sostiene que el Gobierno de Sánchez incurre en una política de doble moral al conservar relaciones estrechas con regímenes totalitarios como Turquía y Venezuela. Esta andanada verbal ocurre en vísperas de la reunión en Bruselas, donde España pretende plantear formalmente el aislamiento diplomático del Estado hebreo mediante la suspensión de los tratados vigentes.
«No aceptaremos una lectura hipócrita de alguien que tiene una relación con regímenes totalitarios que violan los derechos humanos y se ha dedicado a difundir antisemitismo».
Saar enfatizó que las acusaciones de Jerusalén se dirigen específicamente contra la gestión de Sánchez y su sesgo antiisraelí flagrante en el escenario global. El ministro reprochó al Ejecutivo español su negativa a implicarse en el conflicto contra el terrorismo iraní y sus constantes ataques a las operaciones de defensa que las fuerzas israelíes ejecutan en el sur del Líbano.

Este nuevo choque se suma a la decisión de Israel de prohibir a los representantes españoles el acceso al centro de supervisión del alto el fuego en Gaza. Las autoridades israelíes justificaron esta medida restrictiva alegando que la postura de Madrid carece de la neutralidad necesaria para mediar en el desarrollo del conflicto bélico que atraviesa actualmente la región.
«No tenemos nada contra los ciudadanos de España, sino contra el doble rasero del Gobierno de Pedro Sánchez y su posición respecto a organizaciones terroristas».
La relación institucional entre ambas naciones se encuentra en su punto más bajo tras el cese de la embajadora española en Israel, dejando la representación en manos de encargados de negocios. Esta degradación del vínculo refleja el enfriamiento de los nexos bilaterales ante la insistencia de Sánchez de sancionar a Israel por presuntas violaciones al derecho internacional.
El debate en Bruselas pondrá a prueba la capacidad de Madrid para arrastrar a sus socios continentales hacia una postura de ruptura, enfrentando la resistencia de otros Estados miembros. El presidente del Gobierno fundamenta su iniciativa en el impacto humanitario de las operaciones militares, mientras que Jerusalén rechaza lo que denomina una lectura distorsionada de la realidad operativa.
Israel mantiene que la retórica del Ejecutivo español favorece indirectamente a grupos radicales y debilita la posición de las democracias occidentales en Oriente Medio. El intercambio de reproches sella una jornada de máxima hostilidad diplomática en espera de las resoluciones definitivas que adopte el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.