La industria petrolera de Irán se encuentra en una situación desesperada tras el bloqueo naval impuesto por la administración de Donald Trump el pasado 13 de abril. Según datos de la consultora Kpler, las exportaciones iraníes se han hundido de los 2 millones de barriles diarios a menos de 600.000, dejando al régimen sin compradores y con los inventarios al límite.

Ante la imposibilidad de dar salida al crudo, Teherán ha comenzado a reactivar depósitos en desuso y contenedores oxidados en centros como Ahvaz y Asaluyeh, en un intento in extremis por evitar el "tank top" o saturación total, que los analistas prevén que ocurrirá en menos de dos semanas.
El cerco naval ha obligado a la empresa nacional de petróleo a reducir drásticamente el bombeo, lo que supone un riesgo técnico irreversible para los yacimientos envejecidos del país. Expertos de Rystad Energy advierten que detener la producción en pozos de baja presión podría causar daños permanentes en la infraestructura.
Como medida de emergencia, el régimen explora el transporte de crudo por ferrocarril hasta las ciudades chinas de Yiwu y Xi’an; aunque esta ruta es extremadamente costosa y lenta, lo que pone en duda la viabilidad de sostener la economía mediante las refinerías "tetera" de China, que históricamente solo compran petróleo iraní por sus altos descuentos.

El impacto de la guerra no se limita al sector energético; la economía interna de Irán está en caída libre. Según informes de The Associated Press, los bombardeos estratégicos han dañado cerca de 20.000 fábricas, paralizando gigantes del acero como Mobarakeh Steel. Esta crisis ha generado un efecto cascada en los precios de los alimentos básicos: el pollo y la carne han subido más del 65% en un solo mes, mientras que sectores tradicionales como el de las alfombras operan apenas al 20%.
A pesar de la asfixia, el régimen de los ayatolás apuesta a una estrategia de resistencia basada en el chantaje global. Teherán mantiene el bloqueo del Estrecho de Ormuz —donde el tráfico ha caído un 95%— confiando en que el alza del precio del crudo Brent, que ya supera los 110 dólares, presione a las potencias occidentales antes de que su propio sistema colapse. No obstante, Estados Unidos mantiene su política de "presión máxima", con Donald Trump asegurando que la infraestructura petrolera del Estado terrorista podría quebrar en cuestión de días si no se aceptan las condiciones de desnuclearización.
(Con información de The Wall Street Journal y AP)