La cúpula de poder de la República Islámica de Irán enfrenta su mayor crisis de gobernabilidad en cuatro décadas, fracturada entre facciones que no logran consensuar una salida diplomática con el gobierno de Donald Trump. Tras la desaparición de Ali Khamenei y las heridas sufridas por su sucesor, Mojtaba Khamenei, en la reciente escalada bélica, el Parlamento iraní se ha convertido en un campo de batalla ideológico.
Mientras el presidente de la cámara, Mohammad Bagher Ghalibaf, intenta avanzar en una línea pragmática mediante diálogos en Pakistán, el bloque ultraconservador Paydari —apoyado por figuras radicales como Saeed Jalili— exige el cese inmediato de todo contacto con Washington, calificando las negociaciones nucleares como un "error estratégico".

Esta parálisis institucional ha provocado el fracaso de la segunda ronda de diálogo planeada en Islamabad, debido a la incapacidad de Teherán para presentar una "sola voz" frente a las exigencias de la Casa Blanca. Los intransigentes, liderados por el diputado Mahmoud Nabavian, insisten en que Irán no debe ceder en su derecho a enriquecer uranio ni en el cobro de peajes ilegales en el Estrecho de Ormuz.
La ausencia pública de Mojtaba Khamenei ha alimentado las especulaciones de la inteligencia occidental, incluido el propio Donald Trump, quien afirmó que el liderazgo iraní se encuentra en una situación de "enorme confusión interna". La falta de una directriz clara desde la cima del poder religioso impide que los negociadores tengan legitimidad para cerrar compromisos vinculantes.
El régimen ha intentado proyectar una imagen de unidad institucional enviando delegaciones masivas de hasta 70 altos cargos militares a las mesas de diálogo, pero las acusaciones de traición dentro del Parlamento desmienten esta fachada. Medios vinculados a la seguridad, como Nournews, han calificado este momento como el más delicado de la historia del país, llamando desesperadamente a la cohesión para evitar un regreso al enfrentamiento directo con la coalición liderada por EE. UU. e Israel.
Para los analistas internacionales, esta lucha de facciones es un síntoma de un sistema que ha perdido su eje de contención tras 40 años de mando personalista. Los ultraconservadores son acusados por sectores reformistas de buscar el desgaste de las instituciones para asegurar su propio futuro político, incluso a costa de prolongar el sufrimiento económico de la población por el cierre de Ormuz.
(Con información de Financial Times)